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ENCUENTRO NACIONAL DE JOVENES
Eduardo Pilonieta Pinilla
Frente a los jóvenes
no se puede ser indiferente: o se les entiende
y se les acepta o se les critica y se
les rechaza, pero nunca podrán pasar desapercibidos.
Ser joven es tenerlo
todo y carecer de todo; es tener: la fortaleza, la determinación y la capacidad
para hacer, pero también es no tener los medios, los conocimientos, la
experiencia; sólo que es cuestión de tiempo el alcanzar el equilibrio y de un
poco más para inclinar en sentido contrario el fiel de la balanza.
Según las estadísticas
del Dane, que al parecer entiende la juventud entre los diez y los veintinueve años
de edad, en Colombia existían en 1998, 15.793.359 de jóvenes, algo así como
una tercera parte de los habitantes
del país.
Desafortunadamente
las investigaciones sociológicas en Colombia señalan que la juventud nacional
no tiene un futuro claro por cuanto a los jóvenes los golpea la pobreza que no
les permite tener un desarrollo integral; la descomposición social que primero
les acabó las familias y luego les destruyó el entorno social; la iniquidad
del subdesarrollo que los condena a
ser una generación de tercera frente a las juventudes de países desarrollados
que todo lo tienen y finalmente la
violencia que los envuelve en una carrera loca hacia la nada, convirtiéndolos
algunas veces en víctimas y en otras en victimarios.
Por eso nos encantan
los jóvenes que de una u otra manera,
para bien o para mal, utilizan su juventud tratando de hacer el espacio
en el cual se van a desarrollar en el futuro y eso nos hace celebrar el que hoy,
aquí en Bucaramanga, 300 jóvenes provenientes
de 13 ciudades de todo el país, se reúnan para reflexionar sobre los temas
relativos a su condición de colombianos, buscando la forma de encontrarle una
salida a los problemas que los agobian a ellos en particular y a
todos en general, en un medio
que pareciera ser sólo dificultades según lo que se ve en el horizonte
para cualquier lugar que se mire.
"El primer
encuentro nacional de jóvenes" impulsado por uno que pinta
más que muchos de los adultos que conocemos, José Manuel Acevedo
Medina, y que sesionará hoy en el Club de
Profesionales, es una reunión de muchachos entre los 15 y los 24 años de
edad que pretenden lograr una integración nacional
que les permita mejorar la relación entre ellos y las autoridades en
general; que buscan promover la
reflexión en torno a los temas que inquietan a la juventud; que pretenden crear
compromisos con la dirigencia del país; que buscan encontrar las herramientas
necesarias para el diseño de las acciones conjuntas en favor de las causas jóvenes,
todo ello a través del intercambió de experiencias y la promoción de
sus propias ideas pretendiendo, desde su óptica, tratar de rehacer este país
que en nuestras manos adultas prácticamente se nos deshizo.
Afortunadamente
existen estos movimientos que nos dan una luz de esperanza en medio de este caos
que nosotros mismos hemos construido. Al conocerlos nos renace la sensación de
que no todo está perdido y que a la generación que nos recibirá esta
malhadada herencia nacional no sólo le preocupa la rumba sino que también le
cabe el país en la cabeza, que ellos quieren hacerlo de una forma específica y
que para eso han empezado ya ese largo viaje de 1000 millas del proverbio chino
que empieza con un paso.
Buena
esa muchachos; desde la óptica de los mayores hoy los vemos como
una auténtica esperanza; por lo tanto, ni un paso atrás siempre
adelante; las cosas que valen la pena no son fáciles de obtener, pero el paso
de los años nos ha enseñado que la constancia,
la persistencia y el conocimiento son la clave del éxito en el mundo de
hoy. |